miércoles, 19 de noviembre de 2008

El Rey Midas (Mitología Griega)

Midas, rey de Frigia, era el más rico de todos los hombres del mundo, y como los que tienen mucho, su corazón quería más y más. Una vez tuvo la oportunidad de hacer un servicio a un dios, cuano en un jardín se encontró al anciano Sileno, que se había perdido de la comitiva de su patrón dioniso; se había parado aquí para dormir la borrachera. Midas amablemente rodeó al borracho errante con rosas y le obsequió con comida y bebida. Luego le envió con el dios del vino. Dioniso estaba tan agradecido que le ofreció al rey elegir cualquier recompensa que quisiera. Midas pidió al dios que le diese el don de que todo lo que tocase lo convirtiese en oro. El dios se lo concedió.

Impaciente por probar su nuevo poder, Midas fue al bosque, y al tocar una ramita con el pie, ésta se convirtió en oro. Todo lo que tocaba se convertía en oro. Quiso regresar a su casa con su caballo, pero éste se convirtió en oro, incluso cuando llegó a su palacio los pilares, las puertas, se convirtieron en oro. Fatigado por su viaje, Midas pidió comida, pero justo cuando ésta tocaba sus labios se convertía en oro y por tanto no se lo podía comer. Lo mismo ocurría con la bebida.

Atormentado por el hambre y la sed, se levantó de este burlón banquete, envidiando al chico más pobre de su palacio. No le reconformtaba visitar su gran tesoro, y el hecho de ver todo de oro le empezó a enfermar. Si él abrazaba a su hijos, si golpeaba a sus esclavos, al instante sus cuerpos se convertían en estatuas de oro. Todo alrededor lucía un odioso amarillo ante sus ojos.

Ante tal desesperación recurrió a Dioniso a quien suplicó que le retirase ese regalo. El dios le dijo que buscase la fuente de Pactolo y se bañase en su puras aguas, para así deshacerse del hechizo. Cuando Midas llegó y se tiró al agua, éste se convirtió en oro. Sólo desapareció el hechizo cuando metió su cabeza bajo el agua.

Este rey no fue siempre tan afortunado en su trato con los dioses. Curado de su codicia por el oro, no tenía más deseos en su mente; un día estaba vagando por los bosques verdes y se encontró a Pan luchando con Apolo. Pan presumía de su flauta contra el laúd de Apolo. Para decidir cuál de los dos instrumentos emitía la más dulce música, eligieron como árbitro a Midas, y éste, un poco duro de oído, eligió como vencedor a Pan. Entonces Apolo se enfadó con él y le castigó adornando su cabeza con orejas de burro. Desde ese día el rey se escondía de todos por tener esas orejas, y cubrió su cabeza con un turbante. La única persona que sabía lo de sus orejas era su barbero. Pero éste temiendo su ira bajó a la solitaria orilla del río y excavó un agujero y susurró en él: "Midas tiene orejas de burro", esperando que ningún hombre pudiera oírle. Pero donde hizo el agujero creció una mata de cañas, que, tan pronto como el viento las movía, murmuraban: "Midas tiene orejas de burro".

4 comentarios:

Anónimo dijo...

genial.

Anónimo dijo...

gracias por ayudarme a ser la tarea

Anónimo dijo...

gas pues eso todo largo jaa quien copia eso

Anónimo dijo...

una poronga
y no es así el mito
manga de putos
aprendan a escribir
"gas pues eso todo largo jaa quien copia eso"
tu puta madre copia eso gilipollas